MI EXPERIENCIA MÁS CERCANA: LA MÍA.

 Para empezar con este blog, he decidido empezar con mi propia experiencia en la educación. La verdad es que tengo muchas cosas que decir al respecto, tanto buenas como malas, pero mi perspectiva del colegio como tal se queda encerrada en lo que he vivido en los dos colegios en los que he estado, en uno estuve trece años, en otro apenas dos. Y sin embargo, me sentí mucho más en casa en el que estuve dos años, pero aún así, oculté cosas de mí misma en la búsqueda de ser “una más”. Pero en eso entraremos más adelante, cuando llegue a hablar de mi experiencia allí.


Empecemos por infantil. Sorprendentemente, me acuerdo de muchísimas cosas de infantil. Me acuerdo del patio que estaba en la azotea, los paseos coloridos, las clases, mis compañeros y profesoras, de algunas actividades que hacíamos allí. Uno de mis recuerdos más nítidos es cuando un chico vino al festival de Navidad vestido de Super Mario Bros cuando tenía cuatro años (yo iba de ángel). La vida era simple, con siestas y manualidades, el conseguir todas las pegatinas de Letrilandia como mi mayor preocupación. Hecho de menos esos tiempos más simples, y a la vez, estoy feliz en el aquí y ahora.


Quitando los colores, la plastilina y los niños vestidos de fontaneros italianos, lo que más me acuerdo de infantil es, sin ninguna duda, mi primer día de segundo de infantil. Me acuerdo de sentir miedo, todo se sentía tan distinto a pesar de que solo habían pasado dos meses desde la última vez que estuve allí, no me quería separar de mi madre. Y una de mis amigas vino, dándome la mano y sonriendo muchísimo, y de repente, ya no tenía miedo. A día de hoy, ya no me hablo con esta chica, pero sé que nunca la voy a olvidar. 


Me acuerdo de lo mayor que me sentí en mi primer día de primaria, con mi vestido rojo nuevo que me habían regalado en mi cumpleaños y las trenzas que me había hecho mi hermana mayor. Era todo distinto, las clases más estructuradas, ya no había hora de la siesta después de comer y mis amigos no estaban en mi clase. Esto es un dato un poco irrelevante, pero para mí me cambió la vida, pero fue este mismo año donde me pusieron gafas por primera vez.  Las clases eran menos coloridas, los profesores más formales y los castigos más fáciles de conseguir. Perdí algunas personas con las que me llevaba en infantil, y gané muchas otras (aprovecho para dejar aquí un aviso de que cambiaba de amigos cada uno-dos años en primaria.)


En este momento de mi vida, me encantaba el colegio, e iba todos los días con ilusión.


Fue en cuarto de primaria cuando cambió mi visión del colegio por culpa de dos profesores. Un profesor que se reía de sus alumnos y de sus fallos, que tenía claros favoritismos hacia alumnas que le caían mejor, que te hacía sentir tonto e inútil si fallabas en hacerlo bien a la primera. Mi otra profesora ese año era igual de mala, comparándonos siempre con otras clases “mejores”, recurriendo a castigos excesivos y asegurándose de que supiéramos que nos odiaba. Y de ahí fue de mal en peor. 


Voy a ser honesta, yo nunca he sido una persona muy estudiosa. Como dice mi madre, vivo por la ley del mínimo esfuerzo. Pero la (ya poca) motivación que sentía desapareció por completo una vez tuve que enfrentarme a estos profesores que hacían llorar a niños de forma profesional. Perdí la fe que tenía en los profesores y el respeto que solía sentir por ellos. Cuando en quinto de primaria tuve problemas con una chica porque se metía conmigo, ni se me pasó por la cabeza acudir a los profesores, sino que intenté lidiar con ello por mi cuenta y, gracias a Dios, conseguí que me dejase en paz. Y nunca volví a confiar en un profesor. 


La ESO fue… una montaña rusa, por decir algo semi-positivo. En primero viví la maravillosa experiencia que fue el COVID, que no me ayudó a reconectar con la educación en esta nueva etapa. Segundo fue un año rarísimo, lleno de mascarillas y mantas en invierno porque no se podían cerrar las ventanas. Y luego vino tercero, ay tercero, menudo año. Mi tutor me falló ese año, de todas las formas posibles. Mi clase estaba fragmentada, cada uno con más problemas que el anterior; no prestaba atención a las dinámicas de clase, haciendo los sitios sin importarle si iban a haber problemas; cualquier problema con un profesor era problema nuestro para resolver. 


En fin, fue un circo de todas las maneras posibles, social, personal y académicamente (de mi clase de 28, 21 personas suspendieron química.) 


Cuarto fue muy tranquilo, e hice el grupo de amigos que tengo hoy en día, a los que adoro y cuyas experiencias aparecerán en este blog. Siento que esto se está haciendo larguísimo (tengo un problema grave de no poder resumir) así que voy a hacer speedrun de Bachillerato. 


En Bachillerato, me cambié de colegio con mi mejor amigo y, aunque todo el mundo se sorprendió cuando lo dije, no sentí nada de tristeza. Generalmente, soy súper sentimental, así que no me esperaba sentir tanta indiferencia a la hora de irme de un lugar en el que había pasado trece años de mi vida. 


El nuevo colegio era distinto, mucho más pequeño. Pasé de tener casi 100 personas en mi curso a ser 35 en total. Todo el mundo conocía a todo el mundo, y había amistades que duraban toda una vida, no sabía donde meterme. Mi amigo se hizo sus propios amigos y yo más o menos hice las mía, aunque solo hice dos amigas. El primer año fue solitario, me costaba irme con mis amigas en el patio y entonces me los pasaba sola, pero no me importaba. Cuando me hacía falta, tenía compañía. Y fue aquí cuando decidí ser profesora, y me cambié de itinerario, después de pasar un día cuidando de niños por una actividad, lo que me ayudó a encontrar mi vocación.


En segundo fue cuando conecté de forma más profunda con mi clase. Me hice más cercana a mis amigas, mi mejor amigo tuvo ciertos problemas con los suyos y entonces estaba siempre con nosotras. Sin embargo, no estaba del todo siendo yo misma. Veréis, mi segundo colegio tiene una disposición política muy pronunciada, y mi orientación sexual no se alinea con los valores que ellos tenían, lo que me llevó a esconderme. Los profesores de este colegio se implicaban mucho con los alumnos y se preocupaban por ellos de forma mucho más personal.


Bueno, siento que ya he escrito un montonazo, así que lo voy a dejar aquí. Haré referencias a otras cosas de mi vida escolar en mis otras entradas, pero eso se hará cuando llegue el momento. Por hoy, esto es todo. 


Comentarios

  1. Me parece super interesante y valiente que hayas querido compartir con nosotras tu propia experiencia :)

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  2. Me asombra la capacidad memorística que tienes, yo no podría relatar ningún recuerdo de infantil :(. Pero me ha gustado mucho leer tu experiencia, así que muchas gracias por abrirte con nosotras y compartir tu experiencia, Carmen.

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